Tengo un sueño
Por medio de la violencia se mata al que se odia, pero no se mata el odio. La verdad es que la violencia aumenta el odio… Devolver violencia con violencia la multiplica, incrementando profunda oscuridad de una noche ya carente de estrellas. La oscuridad no puede eliminar la oscuridad, solo la luz puede hacer eso.
El odio nunca puede terminar con el odio, solo el amor puede hacer eso. (Martin Luther King Jr,).
Nada justifica ningún tipo de violencia. El acudir a la violencia más que una muestra del carácter fuerte de una persona, es una clara evidencia de su falta de carácter, o de su débil carácter, y de su incapacidad para resolver las diferencias de una forma inteligente. (JSR. HdeV.)
Ante los acontecimientos que se están viviendo en Oriente Medio en estos momentos, sentí la necesidad de retomar un artículo que en su oportunidad había escrito sobre las inevitables consecuencias de la violencia. Las estadísticas revelan que cada año casi dos millones de personas en el mundo pierden su vida producto de la violencia. La violencia es una de las principales causas de muerte de la población cuya edad está comprendida entre los quince y los cuarenta y cuatro años, y la responsable del catorce por ciento de las defunciones en la población masculina y del siete por ciento en la femenina.
De veras que resulta lamentable. Sirva esto para reflexionar y entender que la violencia nunca ha sido generadora de algo bueno. Siempre lleva a resultados negativos y dolorosos. Nunca ha sido, ni será la forma apropiada de resolver un conflicto. Quienes han acudido a la violencia, en sus diversas manifestaciones, como una forma de resolver algo, son los mejores testigos de que en vez de solucionar, más bien complicó en mayor grado la situación, pero cuando se percataron de esto ya era tarde, quizás ya habían causado el daño irreparable, destruido una buena relación, destruido su hogar, sus vidas, ciudades, o quizás una nación.
Las noticias diarias son reflejo de lo afirmado. Aunado a lo anterior, debemos tener bien claro que nada justifica la violencia. Lo mencionado encuentra pleno eco en una histórica y extraordinaria reflexión hecha por Martin Luther King Jr, quien dijo: “La máxima debilidad de la violencia consiste en que es una espiral descendente que engendra exactamente lo que pretende destruir. En vez de disminuir la maldad, la multiplica. Por medio de la violencia se mata al que se odia, pero no se mata el odio. La verdad es que la violencia aumenta el odio… Devolver violencia con violencia la multiplica, incrementando profunda oscuridad de una noche ya carente de estrellas.
La oscuridad no puede eliminar la oscuridad, solo la luz puede hacer eso. El odio nunca puede terminar con el odio, solo el amor puede hacer eso. Todo ser humano lleva grabada en su personalidad la marca indeleble de su Creador. Cada persona debe ser respetada porque Dios la ama. La valía de un individuo no yace en la medida de su intelecto, en su orden racial, o en su posición social, radica en su relación con Dios. Una persona tiene valía porque es valiosa para Dios”. Luther King fue un ícono en la defensa y lucha por los derechos civiles, bajo la protesta pacífica, inspirado en mucho por Mahatma Gandhi. En su discurso “TENGO UN SUEÑO “, pronunciado en agosto de 1963, ante doscientas cincuenta mil personas, desde las escaleras del Lincolm Memorial, en Washington, manifestó: - “No saciemos nuestra sed de libertad tomando de la copa de la amargura y el odio. Siempre debemos conducir nuestra lucha en el elevado plano de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas de la resistencia a la fuerza física con la fuerza del alma. “. Dolorosa y tristemente, la vida de Luther King Jr., fue apagada, tan solo a sus treinta y nueve años de edad, en abril de 1968, víctima de un asesinato.
Debemos entender que el acudir a la violencia más que una muestra del carácter fuerte de una persona, es una clara evidencia de su falta de carácter, o de su débil carácter, y de su incapacidad para resolver las diferencias de una forma inteligente. Viene a mi memoria aquella historia de lo que le pasó a un tipo en una ocasión que hacía una exposición ante un numeroso público.
Cada vez que el expositor decía que él era una persona de carácter fuerte y argumentaba el porqué, una niña de escasos cinco años que estaba en al auditorio escuchándolo, sentada en una de las bancas en primera fila, le replicaba y le decía: - “débil “(haciendo alusión al carácter). Cuanta vez el tipo decía que tenía carácter fuerte, la niña inmediatamente le replicaba: - “débil “. Esto provocó el enojo del expositor, quien, en un momento dado y ya salido de tono, le reprochó a la niña el porqué decía que el carácter de él era débil, a lo que ésta le respondió:”- es débil porque, si usted fuera de carácter fuerte lo dominaría y por lo que he visto y oído, usted no domina su carácter ni su temperamento.” Recuerde: lo que comienza en enojo o en ira, siempre termina en vergüenza, y al igual que la violencia, son una mala compañía, nunca han resuelto un problema, solo lo han empeorado, y tienen muchas caras: todas feas. ¡Hago un llamado a la sensatez, la tolerancia y al respeto en estos tiempos convulsos, principios que son necesarios para la búsqueda de soluciones! Lo que HAMAS ha hecho, jamás podría aceptarlo y estar de acuerdo, pero jamás podría estar de acuerdo en que la contraparte aplique igual medida, poniendo en desventaja a indefensos, como los son niños y niñas, ancianos y ancianas, entre otros. Al igual que Luther, tengo un sueño: ojalá pueda reinar la sensatez en este conflicto y que haya oídos para las palabras pronunciadas por éste, hace más de seis décadas ¡Dios quiera que así sea! Nuestras oraciones van dirigidas en ese sentido.
Última actualización: 16/10/2023









