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Costumbres y Tradiciones

Ricardo Solano |
Costumbres y Tradiciones

Cada vez que escucho que en el pueblo donde viví cuando era niño, están organizando una fiesta patronal, mi mente vuela hacia atrás, a muchos kilómetros por hora.

Y es que como mi papá tenía la pulpería  justo al frente de lo que llamaban  “el galerón del  turno”, yo, empujado por la curiosidad, no perdía detalle.

De esa forma podía ver cuando sacrificaban el cerdo, la vaca o el novillo para la carne que iba a servir en la confección de tamales, el lomo relleno, la sopa de mondongo, el estofado, los chicharrones, el frito, la carne en salsa y otras comidas más.

Este pueblo al que hago referencia, tiene una triple protección: la del Padre, la del Hijo y la del Espíritu Santo.

Como es sabido, esta fiesta patronal  se celebra una vez al año, en una fecha parecida y es del orden religioso.

No pretendo decir que los habitantes de dicho pueblo, trabajen a manera de cooperación para la Iglesia, pretendiendo ganarse el cielo con su trabajo, pero si se puede asegurar, que los que viven en ese lugar, son bastante desprendidos cuando se trata de trabajar para la Iglesia.

Cómo olvidar el trabajo de tantos años de don Víctor Manuel Madrigal, más conocido como Lico, o de Miguel Morera Porras, en la venta de comida, en lo que conocemos como salonero, también de Alexis Corella Bolaños con los equipos de futbol. Ellos son un ejemplo de trabajo, de ayuda, de cooperación, solo por amor a un pueblo donde vivían. Estoy seguro que nunca esperaron un reconocimiento de nadie, ni lo ocupaban, ellos y otros, solo servían.

Desde la pulpería de mi papá, yo iba tomando nota del trabajo de preparación de las diferentes comidas en el “galerón del turno”.

No habían congeladores para la carne, por lo tanto, había que salarla. Se molía el arracache para el picadillo y el maíz para los tamales. Ya se había elegido el nombre del dedicado del partido del domingo.

Conforme se acercaba el fin de semana, se realizaban nuevas actividades como por ejemplo, el día viernes se recibía todo el material para trabajar la cantina, lo mismo que los tamales, quedaban envueltos y amarrados.

La gran diferencia con lo que se hace actualmente, es que al fin, a alguien se le prendió el bombillo y se dio cuenta, de que las cosas de Dios no se deben mesclar con las del mundo, por lo tanto, ya en estas celebraciones patronales, no SE VENDE LICOR, ni tampoco se realizan bailes, es lo que se podría llamar, un evento más para la familia. Lo demás se mantiene, como es la venta de comida, así como las actividades religiosas y deportivas.

A pesar de que ya han pasado muchos abriles, en un lugar especial de mi mente, sigue intacto todo lo que mis ojos captaron cuando era niño. Algunas cosas muy particulares, como que para esa época, nosotros los niños y también las niñas, estrenábamos ropa, o sea, nos compraban ropa nueva, casi sin excepción, dos veces al año, para navidad y para la fiesta patronal.

Todos estos son gratos recuerdos de años idos, vivencias de un ayer que ya se fue, como dijo Rubén Darío: juventud divino tesoro, te vas para no volver.

Niñez ya lejana, años de escuela, vida en el campo, remembranzas de la inocente vida de niños, con sus cosas buenas y una que otra castigada con chilillo de olivo, aunque a mi mamá le gustaba darnos con la pura mano y todo porque en algo no se le hacía caso.

Ya para ir concluyendo con el artículo de las fiestas patronales, de lo que no tengo memoria, es de que en estas celebraciones, se acostumbrara lo de la vara de la fortuna, ni la chancha enjabonada, de lo que si me acuerdo muy bien, es de las carreras de cintas a caballo y ver a las guapas del pueblo premiando al jinete que había tenido un acierto.

Y colorín colorado, la fiesta ha terminado.

Recordar es volver a vivir.

Hasta la próxima.

Última actualización: 26/07/2023