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Salud Mental en Costa Rica: Privilegio y no un derecho humano

Entre mitos, tabúes y relegación, miles de costarricenses vivimos un  infierno con multiplicidad de enfermedades emocionales-mentales sin  que el derecho humano a la salud nos alcance como ciudadanos.

M.Sc Erich Francisco Picado Arguello/Periodista |
Salud Mental en Costa Rica: Privilegio y no un derecho humano

Son las 10 de la mañana de un día cualquiera. Sales a trabajar, y de pronto, un frío  endemoniado te recorre por dentro como un latigazo eléctrico, sientes miedo de  todo, tu cabeza piensa en la muerte, no puedes respirar, no puedes tragar saliva,  piensas que el infarto es inminente, y sudas frío. Han vuelto la ansiedad y los  ataques de pánico.

Piensas que te estás volviendo loco, que solo a ti te pasa eso, te avergüenza  hablarlo con la familia y los amigos. Las ocasiones en que lo has comentado las  respuestas son: o burlas, o frases tan incoherentes como que: “es falta de Dios”, “es  malacrianza”, “quiere llamar la atención”, “es falta de oficio”, “póngale ganas”, “eso  no es nada si hasta está gordito y alentado” …

No se puede explicar lo que uno siente. Solo quienes lo vivimos podemos  comprenderlo. Sentimos vergüenza de lo que nos sucede como si estar enfermo  fuese un motivo de pena. Y si, sencillamente somos enfermos emocionales y punto.  A nadie le da pena tener Covid, Diabetes o Cáncer. Ninguno de ustedes debe ser  tenido por menos al padecer ansiedad, ataques de pánico o depresión.

Costa Rica está adscrita a la Organización Mundial de la Salud (OMS). La Constitución de la OMS afirma que “el goce del grado máximo de salud que se  pueda lograr es uno de los derechos fundamentales de todo ser humano.” El  derecho a la salud incluye el acceso oportuno, aceptable y asequible a servicios de  atención de salud de calidad suficiente.

Todas las personas deben poder ejercer el derecho a la salud, sin discriminación  por motivos de raza, edad, pertenencia a grupo étnico u otra condición. La no  discriminación y la igualdad exigen que los Estados adopten medidas para  reformular toda legislación, práctica o política discriminatoria.

Y en Costa Rica, el Estado es indolente, descuidado, deshumanizado para atender  con efectividad a los enfermos emocionales. Somos ciudadanos de segunda  categoría. Para la CCSS y el Ministerio de Salud es más importante invertir millones  en terapias pro abortivas y cambios de sexo que en atender la urgencia de cientos  de miles que padecemos realmente.

La salud mental en Costa Rica es un privilegio y no un derecho humano. Es privilegio  para el que puede pagar un siquiatra o psicólogo privado, comprar caros  medicamentos, o acudir a terapias restaurativas. Si no tienes dinero, muérete, que  al fin y al cabo esos “locos” importan menos que nada.

El alto índice de suicidios no ha sido siquiera una alarma para que los ojos del  gobierno se vuelvan a nuestra población. Cada día por las calles ves miles de caras, y en cada una de ellas hay una historia de dolor, angustia, silencio y drama que se carga como una cruz. No es una “moda”, es otra pandemia que existe y de la que la prensa poderosa y los políticos no hablan porque de ella no lucran.

Es hora que en Costa Rica alguien haga algo. Los derechos humanos no son  negociables. La vida en muerte que representa esta enfermedad emocional es un  grito desesperado que reclama atención inmediata.

Pobres los pobres porque ni derechos humanos tenemos.

 

Última actualización: 06/06/2022