Pronto quedará vacía la silla del alcalde y podemos direccionar el timón
Griegos: me refiero a todos.
Me refiero también a los artistas, a los músicos.
Aquí está nuestra oportunidad.
Pronto quedará vacía la silla del alcalde y, por unos instantes, tendremos la posibilidad de decidir hacia dónde queremos direccionar el timón de Grecia.
Este artículo no está dirigido únicamente a quienes fueron a la universidad y estudiaron arte, música, arquitectura o cualquier otra disciplina. Tampoco solamente a quienes desde sus hogares han hecho del arte una profesión.
Está dirigido a todos los griegos.
Porque todos somos artistas en alguna dimensión de nuestra existencia.
Es artista quien toma un tronco de café y lo convierte en una carreta de bueyes. Es artista el campesino que transforma la madera con sus manos. Es artista quien teje, quien pinta, quien canta, quien talla, quien escribe, quien cocina, quien construye, quien toca un instrumento o quien simplemente encuentra una manera hermosa de expresar aquello que lleva dentro.
El arte no es un privilegio de quienes estudiaron en una universidad.
El arte es una dimensión humana.
Y quizá sea precisamente esa capacidad de crear algo que trasciende la mera subsistencia la que nos coloca en una condición diferente frente a los demás seres vivos que habitan este planeta. Ellos luchan fundamentalmente por sobrevivir. Nosotros, además de sobrevivir, necesitamos crear belleza, contar historias, hacer música, construir símbolos y dejar huella.
Por eso la cultura no es un lujo.
La cultura es una necesidad humana y un elemento esencial para el desarrollo.
Grecia tiene una riqueza que todavía no hemos aprendido a valorar
Durante los últimos veinticinco años, Grecia ha carecido, a mi juicio, de una visión municipal suficientemente amplia sobre lo que significa la cultura para el desarrollo de un pueblo.
No quiero con esto lanzar piedras contra la Municipalidad actual. Conozco su historia, conozco sus limitaciones y conozco también que quienes hoy trabajan allí hacen lo que pueden con los recursos que tienen.
Pero una cosa es reconocer el esfuerzo de una administración y otra muy distinta es ignorar una carencia que viene de muchos años atrás.
Grecia tiene una riqueza cultural extraordinaria y no le hemos construido la casa que esa riqueza merece.
Y aquí aparece inevitablemente la política.
Los alcaldes provienen de estructuras políticas que necesitan resultados visibles y rápidos. El asfalto tiene una ventaja extraordinaria: cuando todavía está tibio, ya se puede señalar y decirle al ciudadano:
"Aquí está mi obra."
La cultura funciona de otra manera.
Un piano puede necesitar seis o siete años antes de que un niño que comenzó a estudiarlo se convierta en un gran músico.
Una orquesta puede necesitar años para consolidarse.
Un escultor puede pasar una década perfeccionando su lenguaje.
Un escritor puede trabajar durante años antes de que alguien reconozca su obra.
La cultura exige una virtud política poco frecuente:
pensar más allá del período electoral.
Y Grecia ya tiene los artistas
No estamos hablando de inventar una cultura que no existe.
Estamos hablando de darle espacio a una cultura que ya existe.
Pienso en artistas griegos que han cruzado nuestras fronteras y que han llevado el nombre de Grecia mucho más lejos de lo que muchas veces hemos sido capaces de reconocer.
Pienso en Rosmery Vega, Magda Córdoba, Luis Alonso Ramírez, escultor que incluso ha llevado su obra hasta Italia, en Rodrigo Torres y Gerardo Hidalgo.
Y sé perfectamente que esta lista es injustamente incompleta.
Hay muchos más.
Quiero pedir disculpas desde ahora a quienes no mencione, porque este artículo no pretende hacer un catálogo de artistas griegos. Pretende señalar una realidad:
Grecia produce talento.
Y lo más preocupante no es que nuestros artistas salgan a buscar oportunidades fuera.
Lo preocupante es que muchas veces Grecia no les ofrece razones suficientes para quedarse.
Pensemos, por ejemplo, en Elsa Castro, una de las grandes cantantes clásicas de Costa Rica.
Una artista de esa dimensión tiene raíces griegas y, sin embargo, utilizando una expresión deliberadamente provocadora, podría decir que en Grecia solamente puede cantar cuando se está bañando.
Y tenemos al tenor Roy Rodríguez, que ya cruzó el océano y anda auscultando Europa con su voz y su talento.
¿No debería Grecia sentirse orgullosa de ellos?
¿No debería existir aquí un escenario digno para que nuestros artistas puedan regresar, presentarse, enseñar y convertirse en referentes para las nuevas generaciones?
¿Dónde está la casa de la cultura griega?
Aquí es donde debemos comenzar a hacer números.
Grecia se acerca ya a los cien mil habitantes.
El Centro de la Cultura y la Biblioteca, sumados, representan aproximadamente setecientos metros cuadrados destinados a actividades culturales.
Hagamos una cuenta sencilla:
cien mil habitantes divididos entre setecientos metros cuadrados.
Nos corresponderían aproximadamente 142 griegos por cada metro cuadrado de espacio cultural.
¡142 personas por metro cuadrado!
Es una cifra casi absurda.
Y, sin embargo, ese es el espacio que hemos construido para una población que crece, que produce artistas y que necesita cultura.
No podemos pretender que nuestros músicos, pintores, escultores, actores, bailarines, escritores, artesanos y demás creadores continúen amontonando sus obras en espacios insuficientes.
Los artistas no merecemos quedar arrinconados.
Grecia necesita metros cuadrados para la cultura.
Y lo digo con total claridad, conciencia y razón:
Grecia necesita, como mínimo, 5.000 metros cuadrados destinados a actividades artísticas y culturales.
No estoy hablando de un lujo.
Estoy hablando de infraestructura básica para una ciudad que aspira a desarrollarse.
Y alguien ya dio el ejemplo
No todo ha sido abandono.
Quiero reconocer aquí públicamente a un ciudadano ejemplar: el arquitecto Javier Bolaños Quesada.
En grandes zancadas, y con una visión que merece ser reconocida, nos abrió las puertas del Centro de la Cultura.
Ese gesto demuestra algo fundamental:
cuando una persona entiende la importancia de la cultura, las puertas pueden abrirse.
Pero ya no basta con abrir puertas.
Ahora necesitamos construir más puertas.
Necesitamos construir salas.
Auditorios.
Galerías.
Talleres.
Espacios para ensayo.
Espacios para formación.
Espacios para exposiciones.
Espacios para nuestros jóvenes.
Espacios donde un músico pueda estudiar hoy y dentro de siete años convertirse en el gran músico que Grecia necesita.
No quiero culpar al alcalde actual
Quiero ser muy claro en esto.
No pretendo descargar toda esta responsabilidad sobre el actual alcalde.
Doy fe de la ayuda que la Municipalidad me ha brindado para que la Camerata Académica de Grecia pueda presentarse en el quiosco del parque. Hemos realizado varias presentaciones y tenemos otras programadas.
Eso demuestra que existe voluntad.
Pero la voluntad no sustituye a la infraestructura.
Un quiosco puede ser un magnífico escenario para comenzar.
Pero no puede ser la respuesta definitiva a las necesidades culturales de una ciudad que se aproxima a los cien mil habitantes.
La cultura necesita un lugar permanente.
La Camerata necesita un lugar donde ensayar.
Los artistas necesitan lugares donde crear.
Los niños necesitan lugares donde aprender.
Los ciudadanos necesitan lugares donde encontrarse alrededor de la belleza.
Señores candidatos a alcalde: abran los ojos
Por eso quiero dirigirme ahora a quienes aspiran a ocupar esa silla que pronto quedará vacía.
Señores candidatos a alcalde: abran los ojos.
Miren lo que Grecia tiene.
Miren a sus artistas.
Miren a sus músicos.
Miren a sus escultores.
Miren a sus artesanos.
Miren a sus escritores.
Miren a sus jóvenes.
Miren todo lo que se está haciendo sin instalaciones, sin escenarios suficientes y muchas veces sin apoyo.
Y después pregúntense:
¿Qué podría hacer Grecia si realmente construyera las condiciones para que todo ese talento floreciera aquí?
Yo no quiero escuchar nuevamente:
"No hay presupuesto."
Con todo respeto, ese argumento debe ir a otro lado.
Porque si Grecia crece, si construye, si desarrolla urbanizaciones, si aparecen nuevas actividades económicas, si llegan zonas francas, si se generan nuevas edificaciones y si toda esa actividad produce ingresos municipales mediante impuestos, entonces debemos preguntarnos:
¿Cuánto de esa riqueza estamos devolviendo a la comunidad en forma de cultura?
No estoy diciendo que todo deba destinarse a cultura.
Estoy diciendo que la cultura debe formar parte de la ruta del desarrollo.
Mi voto también es una posición cultural
Por eso, y aprovechando que este es un espacio de libre expresión, quiero dejar públicamente establecida mi posición.
Si entre los candidatos a alcalde no encuentro uno que presente un programa serio, realista, verificable y prioritario para la construcción de infraestructura cultural, votaré en blanco.
No lo digo como amenaza.
Lo digo como ciudadano.
Y lo digo como arquitecto.
Porque sé lo que significa planificar una ciudad.
Sé que los edificios no aparecen de la noche a la mañana.
Sé que una administración responsable debe pensar hoy en aquello que necesitarán los ciudadanos dentro de diez, veinte o treinta años.
El asfalto se desgasta.
Una obra cultural puede permanecer durante generaciones.
Un edificio cultural puede formar miles de personas.
Una sala puede producir cientos de conciertos.
Un taller puede descubrir a un escultor.
Un piano puede descubrir a un músico.
Una orquesta puede transformar la vida de un joven.
Eso también es desarrollo.
Artistas de Grecia: esta oportunidad es nuestra
Y a mis compañeros artistas quiero decirles algo:
esta oportunidad también es nuestra.
No podemos continuar esperando que alguien, desde arriba, descubra que existimos.
Tenemos que decirlo.
Tenemos que organizarnos.
Tenemos que presentar propuestas.
Tenemos que explicar cuánto valemos.
Tenemos que demostrar que la cultura no es decoración de la ciudad.
La cultura es parte de la ciudad.
El futuro alcalde tendrá que decidir qué tipo de Grecia quiere ayudar a construir.
Una Grecia cubierta de asfalto, donde las obras puedan inaugurarse rápidamente y producir fotografías electorales.
O una Grecia donde también existan auditorios, escuelas de música, galerías, talleres, salas de ensayo, espacios para la danza, teatros y lugares donde nuestros artistas puedan encontrarse con su propio pueblo.
No propongo abandonar el asfalto.
Propongo que no pavimentemos el presente mientras dejamos sin construir el futuro.
Porque una ciudad no se desarrolla únicamente cuando sus calles están bonitas.
Una ciudad se desarrolla cuando sus habitantes tienen razones para sentirse orgullosos de vivir en ella.
Y Grecia tiene muchas razones.
Tiene historia.
Tiene paisaje.
Tiene trabajo.
Tiene empresarios.
Tiene agricultores.
Tiene profesionales.
Tiene jóvenes.
Tiene memoria.
Y, sobre todo, tiene talento.
Lo único que nos ha faltado, durante demasiado tiempo, es construirle una casa.
Edificaciones para la cultura deben ser parte de la ruta para el desarrollo.
Última actualización: 14/08/2026






