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Una alianza estratégica o un abrazo del oso? Reflexiones sobre el panorama político costarricense

Eladio Soto Barquero/Arquitecto |
Una alianza estratégica o un abrazo del oso? Reflexiones sobre el panorama político costarricense

La política suele parecerse más a una partida de ajedrez que a una carrera de velocidad. Quien sacrifica una pieza hoy no necesariamente está perdiendo; puede estar preparando el jaque mate de mañana. Bajo esa perspectiva quisiera compartir una reflexión sobre el panorama político costarricense de cara a las próximas elecciones.

Partamos de tres hechos que, si bien pueden discutirse en sus matices, sirven como base para el análisis:

El partido Pueblo Soberano obtuvo una victoria amplia, alcanzando la Presidencia de la República y una mayoría parlamentaria de 31 diputados de un total de 57. 

La oposición, sumada en su totalidad, reúne los 26 diputados restantes, distribuidos principalmente entre Liberación Nacional, el Frente Amplio, el PUSC y otros partidos menores. 

A apenas tres meses del inicio de la nueva administración, la Presidenta mantiene niveles de respaldo popular cercanos al 70%, una cifra excepcional para cualquier gobierno. 

Con este escenario, resulta comprensible que la oposición busque mecanismos para aumentar su capacidad de influencia. Allí aparece la aproximación política entre el Partido Liberación Nacional (PLN) y el Frente Amplio (FA).

Una alianza nacida más de la necesidad que del amor

No parece tratarse de una alianza ideológica sino estratégica.

Históricamente, Liberación Nacional ha representado la socialdemocracia costarricense, mientras que el Frente Amplio proviene de una tradición claramente situada a la izquierda del espectro político. Sus coincidencias programáticas existen en algunos temas sociales, pero mantienen diferencias importantes en otros aspectos económicos y culturales.

Como ocurre en política, el viejo refrán cobra vigencia: "El enemigo de mi enemigo puede convertirse, temporalmente, en mi aliado."

El objetivo inmediato parece evidente: equilibrar el peso político del oficialismo.

Sin embargo, una vez alcanzado parcialmente ese propósito, surge una pregunta inevitable:

¿Seguirá siendo útil esa alianza para ambos?

El tiempo cambia el valor de las alianzas

Aquí aparece un fenómeno interesante.

Si el oficialismo logra consolidarse y continúa encabezando cómodamente las encuestas, la oposición podría terminar disputándose únicamente el derecho de enfrentarlo en una eventual segunda ronda.

En otras palabras, Pueblo Soberano ya estaría sentado en el palco de la final observando quién logra ganar el derecho de jugar el partido decisivo.

Y es precisamente allí donde, a mi juicio, comienzan a divergir los intereses del PLN y del Frente Amplio.

La política de la catapulta

Existe otra imagen que, a mi juicio, ayuda a comprender el momento político que vive Costa Rica: la política de la catapulta.

Hasta ahora, buena parte de la oposición ha concentrado sus esfuerzos en construir una gran catapulta política desde la cual lanzar piedras contra cada proyecto, cada iniciativa y cada decisión del Gobierno.

En términos tácticos, la estrategia resulta comprensible.

Cuando un adversario posee un amplio respaldo popular, la oposición procura disminuir ese capital político señalando errores, denunciando inconsistencias y ejerciendo un control intenso sobre el ejercicio del poder. Ese papel forma parte esencial de cualquier democracia sólida.

Pero toda estrategia tiene un límite.

La verdadera pregunta no es si la catapulta funciona hoy.

La pregunta es ¿por cuánto tiempo seguirá funcionando?

Porque las catapultas, al igual que las ideas políticas, no son eternas.

Sus cuerdas se desgastan.

Sus resortes pierden tensión.

Y llega un momento en que las piedras dejan de recorrer la distancia necesaria para alcanzar el castillo enemigo.

Entonces ocurre un fenómeno conocido desde la antigüedad militar: el proyectil comienza a caer antes de tiempo... y termina golpeando el propio campamento.

En política sucede algo parecido.

Una oposición que fundamenta casi toda su identidad en oponerse corre el riesgo de quedarse sin discurso cuando la ciudadanía empieza a preguntarle una cuestión mucho más sencilla:

"Está bien, ya entendimos todo lo que ustedes rechazan. Ahora explíquennos qué proponen."

Ese instante marca el cambio entre la crítica y la construcción.

La ciudadanía suele ser paciente con quien denuncia, pero termina siendo exigente con quien aspira a gobernar.

Ningún partido puede vivir indefinidamente de señalar los errores ajenos.

Llega el momento en que debe presentar su propio proyecto de país.

Y es precisamente allí donde la política deja de ser un concurso de fiscales para convertirse en un ejercicio de estadistas.

Incluso existe un riesgo adicional.

Mientras la oposición concentra todas sus energías en lanzar piedras, el Gobierno dispone del escenario para inaugurar obras, impulsar proyectos y mantener contacto directo con la ciudadanía.

La historia política demuestra que los gobiernos no suelen ser derrotados únicamente por las críticas; también son derrotados cuando aparece una alternativa que inspira mayor confianza.

Por eso, una oposición inteligente sabe cuándo utilizar la catapulta... pero también sabe cuándo desmontarla para comenzar a construir un puente.

Porque los pueblos rara vez eligen a quien demuestra ser el mejor tirador de piedras.

Generalmente terminan apoyando a quien parece capaz de construir el camino por donde todos desean avanzar.

 

¿Quién gana más y quién pierde más?

El Frente Amplio podría obtener un beneficio importante.

Su objetivo histórico rara vez ha sido únicamente conquistar la Presidencia; también consiste en mantener representación legislativa, influir en la agenda pública y fortalecer su estructura partidaria.

Cada minuto compartido en el debate nacional aumenta su visibilidad.

En política, la exposición mediática es una moneda de enorme valor.

Para un partido pequeño, aparecer constantemente en el escenario político equivale a sembrar árboles cuyos frutos quizá se cosechen dentro de diez años.

Liberación Nacional enfrenta un desafío diferente.

Como partido histórico —el mismo que condujo importantes reformas sociales desde la década de 1950 y que fue protagonista de buena parte de la construcción del Estado costarricense moderno— posee una identidad política mucho más amplia y diversa.

Precisamente por esa diversidad, una cercanía prolongada con el Frente Amplio podría generar tensiones internas entre distintos sectores del partido.

La historia costarricense ofrece ejemplos.

Durante las últimas décadas, Liberación Nacional ha experimentado múltiples divisiones internas que dieron origen o fortalecieron otros movimientos políticos. La aparición del PAC, por ejemplo, estuvo vinculada en parte a sectores provenientes del propio liberacionismo que discrepaban del rumbo del partido.

La política nacional demuestra que las fracturas internas suelen ser más peligrosas que los ataques provenientes del adversario.

El riesgo del "abrazo del oso"

Existe una vieja expresión política conocida como el abrazo del oso.

Describe aquellas alianzas que parecen fortalecer a ambos actores, pero donde uno termina absorbiendo parte de la identidad del otro.

Aquí surge una interrogante interesante.

Si una parte del electorado liberacionista percibe una excesiva cercanía con el Frente Amplio, algunos votantes podrían buscar otras alternativas políticas.

Mientras tanto, el Frente Amplio corre un riesgo relativamente menor.

Quien ya vota por el Frente Amplio difícilmente abandonará el partido porque dialogue con Liberación Nacional.

En cambio, parte del electorado liberacionista sí podría cuestionar esa aproximación.

Desde esa perspectiva, podría argumentarse que el costo político potencial sería mayor para el PLN que para el FA.

La política también tiene sentido del humor

Algunos matrimonios duran toda la vida.

Otros sobreviven únicamente hasta que termina la fiesta.

Las alianzas políticas suelen parecerse más a estas últimas.

Hoy se abrazan para vencer a un adversario común.

Mañana vuelven a competir por el mismo espacio electoral.

Es como dos montañistas que comparten la misma cuerda para cruzar un precipicio. Una vez alcanzada la otra orilla, cada uno continúa ascendiendo por una montaña distinta.

Una reflexión final

La política tiene memoria, pero también tiene olvido.

Las alianzas pueden ganar batallas parlamentarias, pero las elecciones presidenciales suelen decidirse en un terreno mucho más amplio: la percepción ciudadana, el liderazgo, la confianza y la capacidad de interpretar el momento histórico.

Si las tendencias actuales se mantienen, Pueblo Soberano partiría como un competidor muy fuerte en la próxima elección. En ese contexto, la verdadera competencia podría trasladarse al campo opositor, donde distintos partidos buscarán convertirse en la alternativa principal frente al oficialismo.

La pregunta, entonces, deja de ser quién logra unirse hoy y pasa a ser quién conservará mañana una identidad política suficientemente clara para convencer al electorado.

Porque los partidos, al igual que los árboles, pueden injertarse para sobrevivir una temporada; pero si olvidan cuáles son sus propias raíces, terminan sin saber qué fruto estaban llamados a dar.

Y quizá esa sea la mayor ironía de la política: mientras los dirigentes discuten estrategias bajo el techo de la Asamblea Legislativa, es el ciudadano quien, en el silencio de la urna, escribe el último verso de esta larga poesía democrática.

Última actualización: 06/08/2026