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Vote por la cultura Elecciones para alcalde

Elecciones para alcalde

 

Eladio Soto Barquero/Arquitecto |
Vote por la cultura Elecciones para alcalde

Las palabras que siguen no constituyen un ataque contra la actual administración municipal. Sería injusto afirmarlo. En el trabajo cotidiano de quienes laboran en el área cultural se percibe dedicación, compromiso y un esfuerzo admirable por hacer mucho con muy poco. Ahí está Shirley, desde su oficina, multiplicando recursos escasos para sostener una actividad que merece mucho más respaldo.

Mi crítica apunta a un nivel distinto: a la falta de una visión política de largo alcance. Durante décadas, los alcaldes de Grecia —sin distinción de colores políticos— no han comprendido que la cultura no es un lujo, ni un adorno para los días festivos, ni una fotografía para las redes sociales. La cultura es parte integral del desarrollo de un pueblo.

Grecia posee un patrimonio humano extraordinario. Tenemos cantantes de primer nivel, pintores, escultores, arquitectos, escritores, músicos y artesanos de enorme talento. Sin embargo, una y otra vez vemos cómo muchos terminan desarrollando su carrera fuera del cantón porque aquí no encuentran espacios, oportunidades ni una política pública capaz de valorar lo que representan.

Basta observar un mapamundi. Los países con los más altos niveles de bienestar —las naciones escandinavas, Alemania y otros ejemplos admirables— no alcanzaron esos estándares únicamente por producir más riqueza. Comprendieron que el desarrollo económico necesita un alma, y esa alma es la cultura.

Cuando hablo de cultura no me refiero únicamente al arte, aunque en este artículo deseo poner el acento precisamente en la dimensión artística. Sé muy bien que la gastronomía es cultura, que nuestras tradiciones y nuestro folclore también lo son. Pero el arte tiene una capacidad única: formar ciudadanos sensibles, despertar la inteligencia, cultivar el pensamiento crítico y enseñarnos a comprender mejor qué significa ser verdaderamente humanos.

Ese principio, tan elemental y al mismo tiempo tan profundo, todavía no ha sido plenamente entendido por quienes han dirigido nuestro gobierno local. Lo digo con respeto, pero también con absoluta claridad.

Existe además otra deuda evidente. Grecia continúa creciendo, pero ¿dónde están los nuevos espacios destinados a la cultura? No encontramos un solo edificio moderno concebido para albergar el enorme potencial artístico del cantón. Las personas existen. El talento existe. Los proyectos existen. Lo que falta es la infraestructura para que florezcan.

No pretendo opinar sobre política económica porque reconozco que no es mi especialidad. Pero sí puedo hablar de aquello que conozco profundamente: el poder transformador de la cultura.

Ahora llegan nuevamente las campañas electorales y empiezan a desfilar esos programas cuidadosamente empacados en diez, doce o quince "ejes", como si el futuro de un cantón pudiera transportarse en un tráiler perfectamente alineado. Suenan bien, lucen ordenados y hasta producen la tranquilidad de quien cree haber organizado el universo con una lista numerada.

Sin embargo, el verdadero desarrollo no nace de una colección de ejes. Nace de una idea capaz de dar unidad a todo el proyecto de sociedad.

Precisamente esa es una de las mayores virtudes de la cultura: integrar. La cultura enlaza la educación con la economía, el urbanismo con el turismo, la convivencia con la seguridad ciudadana. Les da dirección, sentido e identidad.

La historia ofrece ejemplos elocuentes. Cuando el Imperio Romano se desmoronaba bajo las invasiones bárbaras, fue el enorme potencial civilizador del cristianismo —percibido con claridad por Constantino— el que terminó proporcionando una nueva estructura cultural sobre la cual Occidente reconstruyó buena parte de sus instituciones. Nuestras universidades, hospitales, sistemas jurídicos y buena parte de nuestra concepción de la dignidad humana hunden sus raíces en ese legado. De manera semejante, España logró convertir un continente de innumerables lenguas en una comunidad hispanoamericana unida por un idioma común y una herencia cultural compartida.

La cultura no sustituye la administración pública, pero sí le proporciona el horizonte hacia el cual debe caminar.

Por eso hago un llamado a los ciudadanos de Grecia.

Pregunten a quienes aspiran a la alcaldía cuál es su visión cultural del cantón. No les pidan únicamente promesas de cemento, kilómetros de asfalto o listas interminables de proyectos. Pregúntenles cómo piensan fortalecer nuestra identidad, cómo evitarán que nuestros artistas sigan marchándose, qué nuevos espacios culturales construirán y de qué manera convertirán a Grecia en un referente nacional.

Y a los candidatos quiero decirles algo con el mayor respeto: estudien más. Escuchen más. Ábranse más a la ciudadanía. Gobernar un cantón no consiste solamente en administrar presupuestos; consiste en comprender el alma de la comunidad que se gobierna.

Grecia merece alcaldes que entiendan que la cultura no es un gasto: es la inversión más profunda que puede hacerse en el ser humano.

Ese es el verdadero desafío.

Y desde mi condición de ciudadano, de arquitecto, de músico y de amante de esta tierra, me mantendré atento para ver quién se atreve a asumirlo.

Última actualización: 09/07/2026