Ya inició la carrera a la tercera república sin posibilidad de retroceso
Hablar de una “Tercera República” en Costa Rica no es un acto menor, ni una consigna vacía. Es una afirmación que, para sostenerse con rigor, debe anclarse en la historia. Y la historia nos enseña que las repúblicas no nacen de la retórica, sino de transformaciones profundas, como las que siguieron a la Guerra Civil de Costa Rica de 1948 y a la posterior Constitución Política de Costa Rica de 1949.
Sin embargo —y aquí está el punto central de mi planteamiento— la política no es estática. La política está viva. Se transforma, muta, responde a tensiones invisibles y a pulsos colectivos que no siempre caben en los marcos institucionales existentes. Y cuando esos pulsos alcanzan cierto umbral, la historia cambia de dirección.
Mi tesis es clara: estemos o no formalmente dentro de una Tercera República, ya iniciamos el tránsito hacia ella. Y ese tránsito, por la naturaleza de las fuerzas que lo impulsan, no tiene posibilidad de retroceso.
I. El desplazamiento del poder: el ciudadano toma el timón
Durante décadas, la política costarricense operó bajo una lógica relativamente estable. Partidos como el Partido Liberación Nacional consolidaron estructuras donde el poder se construía con el tiempo, la disciplina interna y la espera paciente. Había una idea implícita: el ciudadano delegaba, y el político conducía.
Esa lógica se ha quebrado.
La irrupción de Rodrigo Chaves Robles —con un movimiento articulado en cuestión de meses y respaldado por una votación contundente— no es simplemente una anécdota electoral. Es el síntoma de una transformación más profunda: el ciudadano ya no entrega el timón. Lo sostiene, lo vigila, lo disputa.
Hoy, el político deja de ser proveedor para convertirse en servidor. Y ese cambio no es cosmético; es estructural. Implica una redefinición del poder en su raíz más elemental.
II. Redes sociales: la nueva arquitectura de la voluntad popular
Este cambio no puede entenderse sin reconocer el papel de las redes sociales como nueva plaza pública. Han desmantelado intermediaciones históricas y han redistribuido la capacidad de incidencia:
Los partidos ya no monopolizan el discurso.
Los medios tradicionales ya no son el único filtro.
La ciudadanía ha adquirido una voz directa, inmediata y, sobre todo, acumulativa.
Lo que antes era conversación privada, hoy es presión pública. Lo que antes era opinión dispersa, hoy es fuerza política organizada.
No se trata simplemente de tecnología; se trata de una reconfiguración del espacio donde se construye la legitimidad.
III. Más que derecha: una ruptura con el orden establecido
Se ha dicho que vivimos un giro hacia la derecha, en sintonía con otros países de la región. Hay algo de cierto en esa afirmación, pero es insuficiente. Lo que está ocurriendo en Costa Rica es más complejo: no es únicamente un cambio ideológico, es una ruptura con el orden establecido.
El impulso que hoy mueve a amplios sectores de la población no es doctrinal en sentido estricto. Es reactivo, correctivo, incluso moral:
Rechazo a las élites políticas tradicionales.
Cansancio frente a estructuras burocráticas percibidas como ineficientes.
Exigencia de resultados tangibles.
Este fenómeno puede coincidir con posiciones de derecha, pero no nace de una teoría, sino de una experiencia acumulada de desencanto.
IV. Indicadores de cambio: lo que ya está ocurriendo
Si entendemos una república como un pacto estructural, entonces debemos identificar los signos de su transformación. Propongo cuatro indicadores:
Reforma constitucional profunda
Reconfiguración institucional
Nuevo modelo de legitimidad política
Transformación cultural duradera
Hoy, en Costa Rica, los dos últimos ya están en marcha.
El modelo de legitimidad ha cambiado: el poder ya no se sostiene únicamente en estructuras partidarias, sino en la conexión directa con la ciudadanía. Y la cultura política está mutando: el ciudadano ya no observa, participa; ya no delega, exige.
Los otros dos indicadores —la reforma constitucional y la reconfiguración institucional— aún no se han materializado plenamente. Pero es precisamente aquí donde mi tesis cobra sentido: estos cambios no son el inicio, sino la consecuencia inevitable de lo que ya está ocurriendo.
V. La irreversibilidad del proceso
Aquí radica el núcleo de mi planteamiento: la política, al estar viva, no retrocede cuando ha cruzado ciertos umbrales de transformación.
No es simplemente que el sistema esté cambiando; es que ha cambiado ya en su lógica interna. Pretender volver al esquema anterior —donde las élites controlaban el ritmo, el discurso y las candidaturas— resulta, en la práctica, inviable.
La ciudadanía ha probado un nuevo tipo de poder. Y ese tipo de experiencia, una vez adquirida, no se abandona.
Podrán cambiar los nombres, los partidos, los liderazgos. Pero el nuevo equilibrio —más horizontal, más inmediato, más exigente— ha llegado para quedarse.
VI. ¿Estamos en la Tercera República?
Responder a esta pregunta exige precisión.
Si por Tercera República entendemos una transformación formal —constitucional, institucional— entonces aún no hemos llegado.
Pero si entendemos la república como un sistema vivo, como una relación dinámica entre poder y ciudadanía, entonces la respuesta es distinta:
No estamos dentro de la Tercera República… pero estamos, sin duda, corriendo hacia ella.
Y no es una carrera opcional.
Conclusión: el umbral que ya fue cruzado
Las repúblicas no se decretan; se consolidan. Pero también es cierto que hay momentos en que la historia cambia de ritmo, y lo que antes parecía estable comienza a desmoronarse para dar paso a una nueva configuración.
Costa Rica vive uno de esos momentos.
No afirmo que la Tercera República esté plenamente instaurada. Afirmo algo más inquietante y, a la vez, más contundente: ya iniciamos el camino hacia ella, y ese camino no tiene retorno.
La pregunta ya no es si llegaremos, sino cómo. Y quiénes serán capaces de entender, interpretar y conducir este proceso sin traicionar su origen: una ciudadanía
que decidió, finalmente, no volver a soltar el timón.
Última actualización: 09/05/2026









