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Costumbres y Tradiciones

Ricardo Solano |
Costumbres y Tradiciones

Queridos lectores, ¿qué va a pasar al día siguiente de mi deceso? Pues todo o nada, depende de cómo usted lo vea. Todo porque la vida debe continuar, nada, porque igual, va a salir el sol, si estamos en época de lluvia es posible que llueva, las personas van a ir a trabajar, ya que necesitan comer y vestir, circularán los autobuses, los barcos y los aviones, el comercio abrirá sus puertas, los hospitales recibirán a los enfermos, el hombre de campo pondrá la semilla en el surco, se ordeñarán las vacas y así podríamos enumerar las mil y una cosa que se harán en horas laborales, ya que este mundo no se va a detener por mi muerte. Yo ya no cuento para ese mundo, paso a ser solo un número, a engrosar una cifra que manejarán los estadistas. No veo, no oigo, no me alimento y tampoco trabajo. Lo que hagan con mi cuerpo, no lo voy a saber. Un número reducido de personas se va a afligir, pero no por mucho tiempo, ya que esta vida se vive por etapas; la mía terminó, pero la vida cotidiana sigue su curso con alegrías, tristezas y preocupaciones, por lo tanto, mis hermanos, mis hijos, mis nietos y demás seres queridos, están obligados a seguir la lucha del día a día y cada veinticuatro horas despertarán con retos, necesidades, angustias, enfermedades, cuentas por pagar, compras por hacer, alimentos que preparar y compromisos por los que hay que responder.

Usted me puede decir, “pero es que yo no me quiero morir”, perdón, pero de eso no se salva nadie, tanto así, que hasta apellido le pusieron a la muerte, su apellido es Segura. Pero le doy una excelente noticia, existe un Padre que resucitó a su hijo y eso mismo va a hacer con usted y conmigo, estaremos dormidos y nos despertarán porque viene la separación, unos al fuego eterno, otros a la presencia del Padre. ¿A dónde quiere usted ir? ¿O a dónde quiere que lo manden?

Hay otra realidad con respecto a la muerte, son muchas las personas que prefieren no tocar el tema, porque le tienen pavor. Sin embargo, el miedo no nos va a librar de morir. Puede ser que usted que esto lee, sea una de esas personas que le tienen miedo a la muerte. Si me lo permite, le doy mi punto de vista. El motivo principal para que se le tenga mucho miedo a la muerte, es porque no se tiene seguridad de hacia dónde se va, lo que es igual a decir, se tiene duda en base a ciertas razones, del lugar que le va tocar para toda la eternidad.

Qué lindo repetir aquello que dijo Saulo de Tarso: “para mi morir es ganancia” “voy por mi corona, reservada para mí por el buen Dios”

Estamos claros en que no hay amor más grande que el de aquel que da su vida por los demás. El gran libro dice que a lo mejor, por un justo, alguien decida morir, pero Jesús murió por nosotros siendo pecadores, lo hizo para pagar una deuda con el Padre. Ahora viene la pregunta, ¿Y cómo le hemos agradecido ese invaluable favor? ¿Cómo siente usted que le hemos respondido a lo que hizo solo por amor? El que no tenía mancha alguna, fue tratado como un bandido, como un criminal. Lo clavaron en la cruz en medio de dos deudores, para hacer más vergonzosa su muerte, pero la tumba no lo pudo retener.

De la misma forma como Él resucitó, o como sucedió con Lázaro, o la hija de Jairo, también el hijo de la viuda, así resucitaremos nosotros, pero no en cuerpos de carne y hueso. Como le dijo Jesús a los Saduceos “serán semejantes a los ángeles, ya no se casarán” y agrego yo, ya no habrá borracheras, ya no existirá el bien y el mal, ya todo será pasado, la tierra nueva, la Jerusalén anunciada.

“Venid benditos de mi Padre”, esa debe ser la frase con la debemos soñar, la que más nos debe importar, por la que nos tenemos que esforzar.

Ningún sacrificio que hagamos nos debe parecer grande. Recuerde que cuando usted muera, se llevará sus buenas y malas obras, es decir, no hay vuelta atrás, si fuera de otra forma, los que tienen mucho dinero, pueden dejar en su testamento, que cuando ellos mueran, compren muchos diarios y los repartan entre los pobres u otra cosa semejante, para librarse del fuego eterno. Puede ser también que usted haya tenido tiempo y pedido perdón por sus errores en confesión, solo le recuerdo que cuando se confiesa un pecado, debe haber arrepentimiento, convicción y deseo de que no vuelva a pasar. Es algo que se puede hacer si todavía tienes vida.

Jesús dijo, “yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie va al Padre si no es por mí”. Su vida, su ejemplo, sus palabras, su testimonio, su doctrina, todo, todo fue luz para que el mundo ya no anduviera en tinieblas. Nos dejó marcado el sendero, el trillo, la vía por la que hay que caminar, además nos dijo, “la ruta correcta es la de la puerta estrecha, por la ancha transita mucha gente, pero cuidado, esa no es la verdadera.

Por todo lo expuesto, a la muerte no hay que tenerle miedo. Podemos verlo de otra manera. La muerte es parte de la vida: se nace, se vive, se muere.

Viva su vida plenamente, disfrútela con lo que tiene, no se compare con nadie, somos únicos e irrepetibles, pero eso sí, prepárese para la partida viviendo de acuerdo a lo que el Maestro enseñó.

No debemos ser tan ingenuos, en algún momento nos toca partir, hay que estar con los papeles en regla, eso es todo.

Recordar es volver vivir.

Hasta la próxima.

Última actualización: 25/10/2021