Columnistas

Perdóname… estaba aprendiendo a vivir

María Alejandra Alfaro Monge |
Perdóname… estaba aprendiendo a vivir

La vida no se trata de ser perfectos todo el tiempo. Nacemos, crecemos, aprendemos, vivimos… y muchas veces no tomamos las decisiones más acertadas. No nacemos aprendidos para ser los mejores hijos, los mejores padres o las mejores personas. Vamos aprendiendo en el camino, entre tropiezos, dolores y experiencias.

Muchas veces crecemos de la mano de adultos que, quizás sin querer, nos impulsan a tomar caminos equivocados, caminos que más adelante nos pesan y nos marcan. A veces nuestros sueños, nuestras ganas de salir adelante y el deseo de vivir rápido nos hacen cometer errores graves, errores que terminamos pagando muy caro con el paso de los años.

No nacemos sabiendo ser padres o madres. Muchas veces dejamos nuestros sueños e ilusiones por cuidar y responder por quienes trajimos a este mundo. Y aunque cometamos errores, eso no borra el amor ni la responsabilidad que muchos padres sí tuvieron.

A veces dejamos de pensar en nosotros mismos. Dejamos de vivir, de sentir, de sanar. Nos callamos tantas cosas que terminamos interrumpiendo nuestro propio crecimiento como seres humanos. Hay heridas que nunca contamos, dolores que escondemos y silencios que pesan más que cualquier palabra.

La vida continúa. El tiempo pasa. Tratamos de hacer las cosas bien, pero seguimos equivocándonos como adultos. Y muchas veces esos errores terminan lastimando a personas que no deberían pagar por nuestras decisiones, por nuestra impulsividad o por creer que la vida podía vivirse sin medir consecuencias.

Pero aun así, nunca debemos dejar de darle gracias a Dios por la vida, por lo vivido, por lo aprendido y por cada oportunidad que hemos tenido. También debemos sentarnos a dialogar con nuestro niño o niña interior y decirle:

“Perdóname por haberme quedado callada. Perdóname por no haber hablado cuando debía hacerlo. Sigue adelante. No tengas miedo. Todo va a salir bien.”

Nada dura para siempre. Todo pasa. Que nada te turbe ni te espante, porque Dios y la Virgen María Santísima están contigo.

Hay momentos en que la vida nos pone pruebas muy duras y sentimos ganas de dejarlo todo y salir corriendo. Pero esa fuerza interior que nos hace regresar, luchar y creer nuevamente en nosotros mismos, es la misma que nos recuerda que todavía tenemos mucho por dar y una mejor versión por mostrarle al mundo.

En esta vida nunca perdemos realmente. Todo lo que vivimos deja una enseñanza. Todo nos transforma, todo nos fortalece y todo nos ayuda a crecer.

Sigamos luchando por ser mejores cada día. Sigamos adelante, incluso con miedo, incluso con heridas. Y nunca dejemos de mostrarle al mundo la mejor versión de nosotr

os mismos.

Última actualización: 09/05/2026